Tuesday, June 13, 2006

Memorias de un otoño en New York,

17 de Septiembre de 2001, 10 de la noche.
Una semana después del atentado contra las torres gemelas, camino por Manhattan, el viento helado, la provocación insana del vaho de los caídos, una impronta saturada de olor a carne quemada que fluye desde los escombros del World Trade Center.
Hay un homeless que dormita en la puerta de una iglesia, junto a él un carro de compras metálico repleto de zapatos viejos, revistas y envases de gaseosa. Hay una luz anaranjada que cae perpendicular sobre el rostro de barba blanca de este extraño sobreviviente. En su rostro dormido encuentro una sensación de paz, es como si ese viejo mendigo fuese un ángel, creo que los ángeles no tienen alas, ni trabajo, ni hogar, simplemente sobreviven y saben soñar entre los escombros.

6 de la tarde, ésta es la ciudad más vertiginosa que he podido encontrar, el tiempo parece una fantasía porque es demasiado real: los subways repletos de viajeros, todos tan diversos e insuflados de la misma determinación. La mayoría escuchan música en sus walkmans, o hablan por celular, todos tienen la mirada perdida en un horizonte inasible. Esta ciudad es la estampida más cruel e irrealizable. Al salir del metro, respiro un aire más liviano, pero encuentro la misma determinación, una ciudad que no se detiene, no hay treguas, el límite es el cielo, un cielo impenetrable, anárquico y azul.

2 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Me quedé con lo mejor de estas lñineas, me quedé con sus manos, su mirada, su corazón... AB

1:48 PM  
Anonymous Anonymous said...

Me quedé con lo mejor de estas líneas, me quedé con sus manos, su mirada, su corazón...

1:49 PM  

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