Friday, August 04, 2006

Tengo La Camisa Negra: reflexiones acerca de un graffiti musical


En Pedro Páramo, Juan Rulfo logró hacer que las paredes de Comala hablen, ahora el reto era hacer que las paredes de Quito canten. Pintar un graffiti musical, un graffiti con su propia banda sonora que se extienda veloz y polifónico, un graffiti que se alimente del pop y que vaya más allá del pop, un graffiti que se incruste en la memoria auditiva de la ciudad y que pueda ser recordado en los instantes más mundanos.
Componer una melodía de aerosol, partir de lo sensible hasta desembocar en lo político, oír a Juanes, construir barquitos de papel con las noticias sobre las famosas rondas de negociaciones, jugar con lo trivial, siempre jugar.

Tengo La Camisa Negra surgió del avatar y del tedio; de la inspiración y la impronta, fue un relámpago, un latido que rebasaba letanías y parafernalia política, fue simplemente dejar que las casualidades construyan los intentos. Escuchaba la canción de Juanes y quería decir algo contra el TLC, la tormenta inventaba nuevos héroes anónimos, jóvenes trapecistas del asfalto desafiaban a la gravedad y al granizo. Yo en el medio, secuestrado por la ciudad, la mente girando como un frisbee, intentando escapar de la lluvia y la ira de los conductores, ahí apareció, simplemente apareció, lo escuché y sonó a pintura, a grillo sonámbulo y a miles de rostros iluminados por la curiosidad y el pop. Lo diseñé vertical, lo escribí en el parabrisas empañado del auto con la emoción de un niño que resuelve una ecuación de segundo grado.

Salí vivo del tráfago, compré pintura y con dos amigos empezamos a pintar el acróstico. Después de verlo en la pared los temores se esfumaron y la canción fue inundando de velocidad y oxígeno la ruta; era un nuevo graffiti, una provocación compuesta de adrenalina, guitarra eléctrica, guardia dormido, media luna y un swing, una naturalidad que podía hacer viajar la frase como brisa y contraseña; como centella y canción de cuna. Misión cumplida, ¡viva Juanes!

Tengo La Camisa Negra es un graffiti que subvierte el establishment desde el pop. El poder ha usurpado los símbolos de la heroicidad popular, el Che fue convertido en una mercancía más y cientos de utopías se venden en supermercados. El poder ha transformado lo trascendente en banal y de hecho lo sigue haciendo, por ello pagarle con la misma moneda, utilizar un símbolo pop, una canción que se repite por todos lados como himno del desamor, convertir esa canción en una melodía política que incitaría al público a cuestionarse sobre la transparencia de un tratado tan publicitado.

Creo que también este regreso a las andanzas fue actuar dentro de una situación límite con un recurso inesperado. Tengo La Camisa Negra es un canto épico al desamor y al mismo tiempo a la sobre vivencia, a quedarse deshabitado con la camisa negra como vestimenta emblemática de la soledad. Yo traslado la letra de Juanes a una coyuntura específica donde Ecuador puede perder lo que le queda de alma si vuelve a dejarse extorsionar por los nuevos agoreros del librecambismo, sino pregúntenle a México o simplemente estudien las estrategias de crecimiento económico de las grandes potencias, todas ellas basadas en consolidar primero el mercado interno.

Estoy aburrido de los mensajes pintados en las paredes que repiten consignas trilladas y predecibles, creo que todo tipo de rebeldía tiene que ser poética y rítmica. Cortázar dijo que no creía en los revolucionarios de caras largas y trágicas. Definitivamente, hay que partir desde un desafío estético para provocar todo proceso de liberación de la conciencia colectiva. La idea es dejar que la mente deambule libre, se aventure por las cornisas, combine partituras y frases inconexas mientras el smog acelera al tiempo.

La canción de Juanes sigue contando su propia historia, la del amante embrujado y del amor desencantado, del precio que se paga cuando se apuesta todo por otra persona que al final nos traiciona. En la famosa melodía de Juanes el amante termina quebrado, esperando con las maletas de la audaz engañadora en la puerta de la casa, el tipo pierde la calma, llega a un estado de profanación y herida; queda casi sin nada y después del desengaño y el luto solo le queda la camisa negra como impronta del sobreviviente. Yo siento que vivo en un país que va acumulando lutos y sobrevivientes, en el que el desencanto es un idioma recurrente, es el alpiste y la furia, la ausencia y el absurdo.

Creo que a Juanes no le interesa el TLC, de hecho si ve el graffiti lo tomaría como una nueva forma de marketing de los grupos subalternos que en última instancia favorecen la venta de su imagen. Es verdad, pero también es cierto que es posible jugar, aunque sea desde los escombros, desde la primera estrella fugaz, desde la negación y la euforia; siempre es posible construir nuevos discursos con bandas sonoras ajenas y la voz de músicos que se propalan sin cansancio entre masas aparentemente ciegas. La magia está en revertir lo admitido y convertirlo en incógnita, gracias Juanes.

Thursday, August 03, 2006

Si pudiera juntar todos los papeles con ofertas que he recibido en calles, avenidas, centros comerciales, burdeles...
Si juntara todas esas volantes podría imprimir una enciclopedia, una enciclopedia de días vendidos y lluvia.
Cuántas ofertas, cuánta luz divina esparcida entre arrabales y fiebre, cuánto papel picado, cuántos años que se van entre bombos, platillos y nubes vagabundas. Al fin y al cabo estamos ciegos, somos raudos para comprar y vender papeles, solemos escondernos del sol.