Wednesday, October 11, 2006

Ni mártir ni héroe

NI MARTIR NI HEROE

Despiertas sumergido en tu sangre, la ciudad se ahoga en tu sangre, la ciudad te olvida. No respirar, mejor quedarse quieto mientras los torturadores terminan su trabajo, mejor catar la muerte, recordar la muerte, soñar la muerte.
Ahora sí, te atraparon, el tiempo se deshace en forma de aullido, ¿dónde están las tempestades que te refrescaban?, ¿dónde andarán los ángeles ebrios que siempre alcanzaban a detener el gatillo?, ¿en qué terminó la sinuosa perfección de las pesadillas de las que salías impoluto y sonriente?. Ahora sí, fueron más rapaces, más intempestivos, aparecieron de la nada, ya los habías olvidado, creías que solo habitaban tus fantasías. Les diste nombre, color, agilidad, latidos; pensaste que podían recorrer libremente tus historias, vagar por los meandros de tu inconsciente sin tocarte, creíste demasiado en tu poder para jugar con demonios y sepultureros. Abusaste de tu suerte, ahora despiertas con la sangre pegada al rostro, ahora no sabes si podrás seguir silbando con la misma inocencia por las calles de la ciudad que siempre pensaste tu fortín, tu punto de llegada, tu madriguera.

Una ciudad se convierte en un mundo cuando encuentras a alguien a quien amar decía Durrell, ahora la desangelada babilonia se vuelve arma mortal, la ciudad de lobos te destroza y ríe. En medio de la colisión, una delicada certeza, ya no eres inalcanzable, ya eres parte del caos y la gangrena del espíritu. Te han atrapado, no hay alcantarilla por donde escapar, la ilusión se hace metástasis, canto mortuorio, acrobacia fallida.

Te desprendes del asfalto, una fuerza ciclópea quiere elevarte hasta las estrellas, busca tu constelación favorita, trata de colocarte en el anverso de los deseos y convertirte en viento. Sin embargo la gravedad detiene el escape de todos los demonios y luciérnagas.
Aletear de cuervos, silencio, recuperas la conciencia aunque ya no sabes si se trata de otra vida, nunca será la misma vida. Tantas paradojas, y puntos de quiebre en tan pocos segundos, uno de tus captores te levanta, escucha la música de tu stéreo, algo de Momentary lapse of the reason, te dice: ¿es Pink Floyd verdad?,tú asientes y comprendes más la fragilidad de la vida, la evanescente frontera entre razón y sueño, entre dolor y marea.

Te han devorado algunas vidas, quizá te queda una sola, manejas casi mecánicamente, urgentemente, la sangre ha quedado en el asfalto.

Demasiado lúdico para una simple banda de matones adictos al poder. El poder, esa sustancia que disuelve alas, que acostumbra al tedio, que fabrica amigos, puñales y rituales. Respiras.
Aceleras, buscas una clínica, le preguntas a Víctor cómo está, te responde que lo de él no fue nada y que avances al Vozandes. Mientras conduces sientes el calor de la sangre en todo tu rostro, tu chompa tatuada de rojo, las avenidas tinturadas de púrpura, por un momento crees que tu cerebro se va desgranando con la melodía de Gilmour, Learning to fly… debería ser la banda sonora de tu entierro.
Tal vez ya te fuiste, tal vez rebasaste el límite, la ira te invade, demasiada cobardía, toda la cobardía del mundo enfrentada contra tu carne, tu mente trata de no desprenderse. Todavía tienes un mapa de calamidades, sabes adónde llevar tu cadáver, no te asusta tanto la muerte como hace unos años, serpenteas el tráfico, hay un operativo en plena Amazonas, le dices al oficial que te deje pasar, que estás muy herido, el tipo asiente y te dice que vayas rápido al hospital.
El viento helado de la noche ingresa a raudales por el vidrio del Gol, miras al cielo, demasiadas estrellas como para pedir deseos, mejor acelerar, la adrenalina sigue siendo la mejor anestesia. Una parte de ti regresa al charco de sangre, aprietas el volante y le preguntas a Víctor si es que estás muy mal, él te dice, demasiado sereno, que te sacaron la puta y que llegues pronto al hospital.

Los días se suceden en forma de martillazos, la pesadilla sigue incrustada en tu sien, no puedes recordar los rostros de tus captores, la irrealidad del dolor es tan mágica como la de cualquier historia que sospechas verídica y seductora. Ahora es tu muerte, ahora miras a la gente y encuentras un ejército de sospechosos, ahora la ciudad se ha hecho sombra, corazón de refinería, pulpo de odio, mastín rabioso. Ahora tienes que inventar un nuevo atajo, buscar una musa o componer una canción. Demasiada audacia e ingenuidad en una sola vida, diste excesivas ventajas, acaso olvidaste la letra de tiempos violentos de los Ilegales, “toma un arma, eso te salvará…

Hasta que llega un día, como hoy. Te levantas como una polvareda de estampillas de duendes. Abandonas el espejismo, el artificio, la duda. Los sorbos de muerte se hacen una sola revelación. La fiereza, toda la continuidad del viaje, las incógnitas y atajos coinciden en el mismo lugar, la misma pupila del destino se dilata hasta recuperar la mirada caleidoscópica. El viento ahuyenta smog y trae nuevos personajes, ahora sabes el valor de la partitura no leída, del beso no esculpido, de la ola que revienta en tu espalda. No hay drama.

4 Comments:

Anonymous Anonymous said...

a flor de piel

2:18 PM  
Anonymous Anonymous said...

tenaz

2:21 PM  
Anonymous Anonymous said...

uuuuaau

2:21 PM  
Anonymous ... said...

a la 1:06 de la mañana te encontre te busque mas y llegue aqui ya te habia leido en una que otra pared de Quito y me quedo con la sensacion de nudo y pensando en todo y en nada.

11:09 PM  

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